Puta!, Mil veces puta! obscena tu boca tritura mi carne, relames la entraña que aborta mis sueños en foscos camastros, en yermos baldíos.
Puta de esquinas vacías, de lóbregos duelos Puta!. Sodoma y Gomorra, exclamación y embate. Tu voz de Armagedón incita mi infierno clamando preceptos que exhortan olvidos.
Péndulos de olvido golpean la carne; mi nombre vulnera tu despertar calmo, entonces detestándome, recortas la mañana amputando el tiempo de mi ausencia.
Yo loca en la no palabra, en la acritud del llanto mordido, navego futuros que agonizan en presentes, danzo sobre segundos equívocos que dibujo en relojes inexistentes. Tú me arrojaste a estas sombras baldías, a extraviarme en debilidades mórbidas, a pesar de que aún sostenía lirios blancos en mis manos y el creer era un mar infinito embebiendo mi horizonte Tú, omnipotente Señor de Señores, voz bravía, dictatorial discurso, opresor de sollozos. Tú, siempre tú, oponiéndote a mis pequeños pasos. Tú, todopoderoso efímero y débil, cimentado en tótems ego-clásicos, ego-tácitos, ego- fieros, ego-autócratas, ego, ego, ego… Tú ya no extingues mi horizonte, tu voz es lejana, escapé de tu patria, no izaré tu bandera. Me tomé el café endulzado de hechizos, sobre manteles ilusos y mesas torcidas. Lo bebí sorbo a sorbo sin saber del veneno en su oscuro sedimento. Hoy lloré, laceré las pupilas con navajas de historia hasta vaciar el vientre donde yace el pecado. Hoy lloré por mí, por primera vez por mí, por segunda, por tercera.. Lloré precisando saborear esta debilidad que me hace viva. Los fuertes, los bizarros, los guerreros idealistas mueren siempre en el primer frente. Desde esa muerte, mis palabras resucitan para incendiar los escombros y borrar toda huella de mi nombre. Entre las sombras acechan paraísos endemoniados, demonios endiosados, dioses derrumbados, gritos lejanos nombrándome y yo sorda, muda, ciega en mis soledades.
Pilar, Pilar... ya no me llamo, no me busco, no quiero volver a encontrarme.
Quizás me quedé suspendida en el umbral de un viaje donde no alcancé a despedirme de la vida.
..y que más si retrocedo hasta convertirme en ínfimo fragmento de roca y, así, me escondo temerosa de la bravura de tus mares. ..y que más si la pequeña gaviota que anida en mi pecho sobrevuela otras costas mendigando migajas que repudia la vida. ..y que más si suicido esta necesidad de continuar la marcha y me dejo atrapar por el tiempo salado que adereza mi historia.
y qué más..
Vivo, he vivido. Conozco mis muertos y mis muertes. Sé de mis agonías, de mis sepelios, del gemido que llevo en cada silencio.
Amado mío: Si despiertas y encuentras esta carta en el cajón del velador es, definitivamente, porque la buscaste. Si no la encuentras, te será imposible leerla. Es más, habiéndola hallado espero logres comprender mi letra, debido a que mi pulso no era del todo óptimo cuando la escribí. Lo sabes, beber me afecta. Salimos juntos anoche y entre copa y copa me fui emborrachando. ¿Recuerdas?, Nuestras voces subían alegres como burbujas de champagne, ( Lee champáng, por favor, es más glamoroso), las pupilas brillaban entusiastas y nuestros labios se humedecían de sólo imaginar como arderían los leños del deseo y pasión, más tarde, en nuestro lecho. Lo otro que podría suceder es que no la comprendas, ya que jamás destacaste en lengua y, bueno, en ninguna asignatura. !Ah!, lo olvidaba, ahora que han pasado los minutos y la sobriedad pretende ingresar en mí, no me queda claro si escribí sobre un papel en blanco o quedó en blanco mi mente, así es que si no puedes encontrarla y sólo ves una hoja, intenta atrapar las palabras que dije antes de marcharme. Une cada letra porque con el portazo produje una ráfaga de viento que probablemente las dispersó por el aire. Amado mío, si no logras despertar es porque efectivamente lo que había en el frasco era veneno. Por favor perdóname, fue un acto inconciente. Me dejé llevar por la rabia y la envidia. Iré a confesar ambos pecados este domingo o antes, si tu funeral se lleva a cabo mañana. La rubia tostada, bonita, 1,70 metros, ojos almendrados, boca roja, lujuriosa mirada, flores en el pelo, minifalda incitadora, tacos altos y blusa escotada llena de abalorios burdos...La rubia, la puta rubia de tu secretaria, tenía justo que aparecer y celarte preconizando la coincidencia del encuentro, dejando caer esa sarta de historias vividas y repasadas casi a diario, por si había algo que mejorar en sus relaciones sexo-laborales u otra innovación que llevar a prueba hasta el límite, sin cobrar aranceles por horas extras. Sintiéndose ganadora, jamás sospechó que caería en detrimento tu imagen y la de ella. La rubia, la puta rubia ahora debe estar buscando empleo en algún periódico de provincia y, quizás, alcance a leer tu nombre en la página roja.