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Aunque duermas en lecho tan lejano del mío,
sé que sueñas aún con mi voz y mirada
y el abrazo que nunca será, a tu abrazo, nido,
porque siempre me marcho al llegar la mañana.
Camino sin saber cual será mi destino,
de la nada he venido y vuelvo hacia la nada.
Soy de mundos remotos, donde existen abismos
que no dejan brotar lo que nace del alma.
Brindaré con mi copa rebosada de olvidos,
repetiré tu nombre y que el viento traslade
susurrando mi voz perfumada de trigos
al lugar donde estés, cuando muera la tarde.
Y quizás, algún día, en senderos perdidos
me inculpará la vida por mi paso y palabra,
desapareceré , como un sueño vencido,
y la muerte será mi postrer invitada.